Friday, 25 May 2018

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El salesiano Jorge Crisafulli rescata a niñas obligadas a ganarse la vida con la prostitución en las calles de Freetown, la capital de Sierra Leona. Alguna, de solo 9 años. Son niñas, tienen cuerpo de niñas… Y los adultos tienen cuerpo de adulto.

El abuso sexual es brutal. Jorge Crisafulli Bahía Blanca —Argentina—, inició el lunes una visita por varias ciudades de Europa, hasta el 2 de mayo, para presentar el documental Love , que denuncia la prostitución de menores en Freetown.

La vida de estas chicas es un infierno, pero ellas rara vez son conscientes. Muchas son huérfanas del ébola, que arrasó el país en y Sufrieron maltrato en las casas en las que fueron reubicadas tras perder a sus padres y prefirieron escaparse para vivir en las calles de Freetown.

Para sobrevivir algunas forman pequeñas comunas, en las que todo se comparte, incluidos los beneficios de la calle o los servicios de un proxeneta.

A una chica, Crisafulli tuvo que rescatarla de un burdel, a punto de desfallecer. La puse la mano en el cuello y comprobé que estaba ardiendo.

La joven llevaba tiempo escapando del sida, pero ese día en el hospital dio positivo. Pero también por la discriminación de la mujer en el país.

En septiembre, a los pocos meses de llegar Crisafulli, Don Bosco Fambul hizo un estudio en las calles de la capital. El religioso se acercó a un grupo de seis: Aminata, Victoria, Teresa… Crisafulli recuerda a la perfección sus nombres e historias. Al principio le tomaron por traficante, miembro de una de esas mafias que venden a estas chicas para enviarlas a Guinea Conakri, Liberia, Gambia… O incluso a Europa, de donde, antes de la guerra, solían venir muchos turistas en busca de sexo barato con menores en las paradisíacas costas de Sierra Leona.

El salesiano les ofreció llevarlas al día siguiente al hospital para un chequeo. Pero a las siete de la mañana me avisan: Me impresionó cómo los tomaron en sus manos, con qué cariño los miraban.

Aminata, en un fotograma del documental de Misiones Salesianas Love. Se les ofrece un plato de comida. Y a bordo viaja una enfermera para hacerles el test del sida, la hepatitis b o la malaria.

Si no llevan mucho tiempo en la calle, una primera solución es buscar a familiares que se hagan cargo de ellas. Desde hace años, las Misiones Salesianas recorren las calles de Freetown buscando a los menores huérfanos o abandonados, a los que pudieran ayudar. Recuerda que era época de lluvias la primera vez que se topó con el grupo de Aminata; sobre ese suelo embarrado que levantaba gotas de fango al pisar, Crisafulli se acercó, espantando a los hombres que las rodeaban y en 15 minutos de conversación les explicó quién era, dónde trabajaba y qué les podía ofrecer: Al día siguiente, seis de las siete se presentaron en la casa.

Las llevaron al hospital, les dieron un plato de arroz que ellas quisieron repetir y, entonces, entraron en escena los peluches. Me di cuenta ahí, de forma clarísima: El trabajo de Don Bosco Fambul tiene varias ramas y es concienzudo y constante. Crisafulli explica que esta muerte no solo impactó emocionalmente en la vida del resto de las chicas que vivían con ella y que la vieron fallecer, sino que hay un efecto resorte que las empuja a pedir ayuda a los salesianos, que en la mayoría de ocasiones buscan de forma proactiva a las chicas.

Y cada viernes, al final del recorrido, donde tienen montado un pequeño stand, hay entre 70 y 90 niñas. Si yo les intento dar consejos También en esos pequeños recorridos se les insiste en la Line Child, una línea telefónica que funciona de forma ininterrumpida desde y que sirve para que cualquier menor llame para compartir y buscar solución a sus problemas.

En Don Bosco Fambul tienen ya algunos programas para aportarles esa base y formarlas profesionalmente: Lo que desde las misiones se llama reunificación y que ya han conseguido con éxito en casos. Si las familias se enteran [las que todavía la tienen] las rechazan.

Es entonces cuando uno de los trabajadores de las misiones les explica los abusos, traumas, violencia y dificultades por las que han pasado las niñas. Exactamente lo que ocurrió con Aminata, a pesar de lo difícil que fue que se diera cuenta de que su vida no tenía por qué ser esa. Volvió a casa de su abuela, en la aldea de Pebel, para cuidarla y dejarse cuidar. Ahora, por fin, la tratan bien. Y así, lejos de los golpes, las violaciones, las torturas, los proxenetas, las bandas y los gangsters, el hambre, la soledad y la suciedad, la miseria, el dolor y la muerte deberían vivir las niñas de Freetown, las niñas de cualquier lugar del mundo.

Hasta que le dabas la vuelta: Aminata existe, tenía 13 años cuando se convirtió en prostituta, llegó a cobrar 20 céntimos de euro por tener sexo y 1,50 le parecía una pequeña fortuna. Enfermó, fue violada y maltratada. Contrajo enfermedades de transmisión sexual, a su padre ni lo recuerda y su madre murió, vivió entre la basura y durmió mientras las ratas caían por la hojalata del techo.

Aminata tenía 13 años cuando empezó todo y no soñó nunca con ser prostituta. A De la Fuente le cuesta mantener la emoción y el orgullo cuando lleva un rato de conversación al teléfono. Por los datos técnicos pasó sin problema: En Sierra Leona tuvieron todas las facilidades que pueden pedirse en un contexto así: Consiguió casi cualquier propuesta: El objetivo de esta película es mostrarla y enaltecer la figura de estas chicas.

De la Fuente, que conoció Sierra Leona en , sabe que la herida de la violencia y la muerte en el país supura sin descanso: Las niñas estaban en círculo, una contra otra, contando aquellas pesadillas.

Rabia, impotencia e incredulidad son las palabras que usa De la Fuente para describir el choque emocional que supuso verlas sonreír como niñas mientras relataban los pequeños infiernos por los que habían pasado. Ese es exactamente el resumen que hace, pidiendo perdón con antelación por si la frase resulta cruda, Jorge Crisafulli: Desde hace años, las Misiones Salesianas recorren las calles de Freetown buscando a los menores huérfanos o abandonados, a los que pudieran ayudar.

Recuerda que era época de lluvias la primera vez que se topó con el grupo de Aminata; sobre ese suelo embarrado que levantaba gotas de fango al pisar, Crisafulli se acercó, espantando a los hombres que las rodeaban y en 15 minutos de conversación les explicó quién era, dónde trabajaba y qué les podía ofrecer: Al día siguiente, seis de las siete se presentaron en la casa.

Las llevaron al hospital, les dieron un plato de arroz que ellas quisieron repetir y, entonces, entraron en escena los peluches. Por eso nosotros ofrecemos esa oportunidad. Como Aminata, son muchas las niñas que abandonaron sus pueblos huyendo de la orfandad que han causado la guerra, el cólera y el ébola. Cuando llegan a la ciudad sobreviven en chabolas hechas con tablas, chapa y unos cuantos harapos, cubículos que infestan Grafton y Mabella, dos barriadas de Freetown donde apenas hay luz eléctrica.

Crisafulli y su gente han recorrido esas ratoneras y en ocasiones ha tenido que transigir con el 'daddy' de turno, el chulo, para sonsacarles información. Desafortunadamente tenemos que estar en contacto con proxenetas porque son nuestros informantes. A veces uno tiene que cerrar un ojo. A cambio sabemos los nombres y las edades de las niñas. No pactamos con ellos, luchamos contra un sistema corrupto. No hay cifras exactas de un fenómeno que se ventila en las cloacas de la sociedad. Aun así, la congregación religiosa estima que millones de niños son explotados sexualmente en todo el mundo.

Son cifras que conviene recordar hoy, fecha en que se celebra el Día Mundial contra la Prostitución Infantil. Sí, soy consciente de que puedo contraer VIH, gonorrea, sida, sífilis Pese a los horrores que ha visto, Jorge Crisafulli no arroja la toalla. Al antiguo director le atacaron con un cuchillo. Existen los avisos, pero no me dan miedo.

Acceso a todos los vídeos del canal de youtube. Si no os va bien, nos daréis 2,5 euros. La joven llevaba tiempo escapando del sida, pero ese día en el hospital dio positivo. Desde hace años, las Misiones Salesianas recorren las calles de Freetown buscando a los menores huérfanos o abandonados, a los que pudieran ayudar. Lo que desde las misiones se llama reunificación y que ya han conseguido con éxito en casos. Contrajo enfermedades de transmisión sexual, a su padre ni lo recuerda y su madre murió, vivió entre la basura y durmió mientras las ratas caían por la hojalata del techo. Y en la parroquia de Freetown, 30 personas ingresaron en la Iglesia católica, casi todas procedentes del islam.