Friday, 25 May 2018

Picasso prostitutas prostitucion legal

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Después de negociar el precio y las condiciones del servicio, Lucía se subió y se fueron a un hotel cerca de la Avenida Elena en la zona 1. Allí el cliente se negó a ponerse el preservativo. Me agarró el cuello con una mano y apretó. Con la otra mano me empezó a sobar el pelo.

Era gordito y tenía todo su peso encima de mí, pero pensé que era mi oportunidad. Si no, aquí me va a matar, pensé. Lo aventé y salí corriendo para el baño. La puerta solo tenía pasador.

La ventanita del baño daba para un patio donde se miraba la recepción. Durante los 20 minutos que la policía se tardó en llegar al hotel, el cliente golpeaba la puerta delgada de madera del baño mientras le gritaba que Lucía se saliera. Casi botó la puerta. Los agentes de la PNC nunca le tomaron los datos del agresor a pesar de las marcas en el cuello de Lucía.

Les expliqué que soy trabajadora sexual y que él me atacó porque no se quiso poner el preservativo. Sólo se quedaron viéndose entre los dos.

No sé, como que si yo lo hubiera pedido, como si fuera mi culpa. Los agentes le pidieron que el agresor le pagara a Lucía, que si no lo iban a consignar. Le pagó a Lucía los Q75 que habían acordado antes de ir al hotel y se fue. Pasaron varias semanas hasta que Lucía se recuperó del susto. Describir el episodio hoy no le quita la fuerza y calidez que transmite esta morena cuando cuenta sobre su vida como mujer y trabajadora sexual.

Recuerda con una sonrisa cuando empezó hace casi una década en un bar que se llamaba El Dólar y la ingenuidad la primera vez que atendió a un cliente.

Cómo el primer cliente le enseñó a poner un preservativo. Cómo se quitó toda la ropa sin saber que se cobraba por cada pieza y por el tipo de servicio.

Se recuerda que se acababa de graduar cuando una amiga la llevó al bar, y aunque no quería, aceptó el trabajo porque necesitaba dinero para su abuela que estaba enferma. Ahora se mantiene en una esquina en el Centro Histórico. Siempre de forma independiente. El ataque el año pasado es el primero en su vida como trabajadora sexual y no le hizo cambiar su postura sobre su oficio.

Odio que me manden. Pero en mi trabajo, no. Es cierto, tal vez al principio yo no quería, lo hice porque mi abuela estaba enferma. No te salen trabajos, tenés necesidad, y tenés esa facilidad de conseguirlo. Incluso cuando tenía 19 años conseguí un trabajo como encargada en una empresa grande aquí en Guatemala y trabajaba en esto como un ingreso extra. Llevaba un año cuando un día mi jefe me humilló delante de todos.

Por eso, pensando en el futuro, en varias ocasiones ha intentado sacar un préstamo para iniciar un negocio que la pueda mantener al momento de retirarse del trabajo sexual. Se ponen todo raros, no saben ni qué decirme. Y no voy a cumplir nunca los requisitos que ellos piden. Un trabajo, carta laboral, estados de cuenta. Por la ley de extinción de dominio, el banco podría reportar los depósitos de Lucía y cualquier otro que ejerce el trabajo sexual legalmente, porque el origen del dinero viene de interacción ilegal; la remuneración por un acto sexual.

Le podrían decomisar todo el dinero. Pero Lucía es emprendedora. Excluida del sistema bancario, tiene otro plan para seguir trabajando por su cuenta y de forma independiente sostener su familia. Pero yo sí quiero. Porque yo solo pienso en tres personas: Eran dos mujeres, veintañeras. Algunos medios apenas las mencionaron. Un par de fotos escalofriantes. Un par de líneas sin mayores detalles. Sin caras, sin nombres. Una mujer que se dedicaba a la prostitución fue asesinada el 1 de febrero.

Por eso, especulaba un oficial de la PNC, no se prestó mucha atención al asesinato de estas dos mujeres en los medios de comunicación. Pero no es cierto. No fue un día particularmente violento.

La realidad es que los asesinatos a las trabajadoras sexuales no reciben mucha atención. Han pasado cuatro meses. Una de las asesinadas se llamaba Joselin Vasquez. Era amiga de Lucía. En algunos de los hoteles de allí del Cerrito del Carmen, allí mismo les venden drogas a los clientes. Porque a veces los clientes te pagan también por drogarte.

Joselin y Lucía se conocieron en en el Trébol, zona 11 de la capital. Joselin acababa de empezar. Contrario a Lucía, a Joselin nunca le gustó ser trabajadora sexual. Cuando no tenía ella cliente, tenía yo. Y cuando no tenía yo, tenía ella. Era una persona bien amable, molestaba mucho y nos reíamos por todo. Creo que de la tristeza porque no le gustaba este trabajo.

Nunca me dijo por qué, pero decía que no quería ejercer el trabajo sexual. Cuando se fue se recuperó bastante, dejó de tomar. Era su pareja y parece que se drogaba. Por eso le quitaba el dinero que ella hacía. Cuando me enteré que la habían matado, le preguntamos a él qué le había pasado y qué pasó con sus hijas. Solo nos dijo que no la conocía. Negó por completo conocerla.

Una semana antes de que Joselin fuera asesinada, Lucía la encontró en la zona 1, cerca de la Municipalidad. Arreglada, con el pelo planchado. Nunca me mencionó que la habían amenazado ni nada. Pero me contó que estaba pagando Q50 diarios por extorsión. Lo tenía que pagar en un punto, un hotel donde tenían guardadas drogas.

La siguiente semana me enteré de que la habían matado. Por su edad hay cada vez menos trabajo para ella. Yo empecé a los Pero a partir de los 25 ya empieza a bajar. Como quieren puras patojitas… Entonces yo ya casi no voy. Pero por la edad ya no te dan trabajo en otro lugar.

Dejé casi toda mi vida en el Trébol. Fabi se graduó de contadora a los 18 años y consiguió trabajo en un supermercado.

La despidieron a los 19 años cuando quedó embarazada. Así empezó en el trabajo sexual en el Trébol. Tiene la mirada distante, apagada. Años de exposición al ambiente fuerte de la calle en el Trébol le cayeron encima. Robos y rivalidades —a veces a golpes— entre las mujeres, abusos de clientes y policías, recibir dinero para tomar o consumir drogas con los clientes, extorsiones.

No el trabajo en sí. Ya no quiere regresar. Porque pasa de todo. Incluso una vez llegaron dos niñas, de 16 o 17 años. No se quién las llegó a explotar. La coca es las que se consigue primero. A veces uno se pierde por su propia mano y sale cara la broma. Empecé para pagar mis deudas, de ropa, de renta, así.

Después paré trabajando por un círculo vicioso. Ya no quiero llegar, por eso. Si no llego allí, no consumo. Si el trabajo sexual en Guatemala fuera regularizado, Fabi podría haber contribuido durante sus 20 años de trabajo a la seguridad social para su pensión y así fundamentar su derecho a jubilarse al llegar a cierta edad.

Pero no existe ninguna ley de jubilación para el comercio sexual en Guatemala. Por el momento Fabi no sabe qué hacer, solo que ya no quisiera regresar. Sin un ahorro y sin acceso a un préstamo, sus opciones son limitadas y este mismo día regresó a la cuadra donde ofrece sus servicios. Con menos clientes cada vez Fabi tiene que bajar sus precios para poder competir.

Piden rebajas o que Fabi descuente el precio del hotel. Gana unos Q por semana. A Lucía también le regatean. Ofrece sexo vaginal a mínimo Q75 si sólo se quita el pantalón. Otros Q75 si es sin la blusa también. Por sexo oral cobra entre Q75 y Q Todos los servicios son de hasta 30 minutos.

Tampoco ofrece sexo anal. Tiene un ingreso promedio de Q1, por semana. Aparte de los clientes que la buscan en su esquina donde normalmente trabaja de 10 de la mañana a 5 de la tarde, Lucía tiene unos diez clientes fijos que la llaman durante la semana.

La mayoría una vez a la semana, o cada dos semanas. Un cliente la llama hasta tres veces por semana. Todos son mayores de 30 años. Así lo prefiere Lucía porque tienden a tratarla mejor. Y su situación le permite escoger la calidad de cada cliente, y no la cantidad. Es un amor de gente. Anteayer me dio Q y no hicimos nada sexual. Me acompañó a hacer unos mandados y platicamos.

Y que ha recibido unas llamadas extrañas en su teléfono. Preguntó si yo lo estaba llamando, pero yo ni tengo su teléfono. Uno de sus clientes fijos la visita desde hace cinco años, es doctor y trabaja en otra ciudad en el IGSS. Son, por tanto, dos valiosos testigos sobre algo que podríamos llamar "la prehistoria de la mujer de hoy". Es muy notable, primero, la fascinación que ejercen sobre ambos pintores las mujeres bajo la luz artificial.

En ese inicio emancipatorio se desvela la alianza entre sociedad nocturna, invento de finales del siglo XIX, y mujeres. Dicho de modo resumido: La noche había sido un tiempo exclusivo de hombres, fueran guerreros, salteadores, sabios, criminales, monjes o políticos. Ni siquiera la prostitución necesitaba iluminación, como puede observarse en la pintura flamenca, donde aparecen tabernas y prostitutas a la luz del día, o bien, si es de noche, reducidas a la alcoba con velón.

La figura heroica de las mujeres eternizadas en una postura, a la manera antigua, cristalizan en esa turbadora escultura llamada Joven bailarina de 14 años en cuarta posición, uno de los mejores ídolos del moribundo siglo XIX.

Al cual se añaden las producciones de Picasso inspiradas por Degas. También instruye sobre la paradoja de una sexualidad sin fertilidad adoptada masivamente a partir del siglo XX. Los hombres que figuran en estas piezas, atraídos en enjambre hacia los sexos abiertos de las mujeres, parecen nubes de insectos desnortados que se precipitan en mortíferos simulacros de genitividad. Tantas toneladas de semen infecundo cautivaron a Degas y a Picasso hasta hacer del burdel un templo que, como veremos, tiene algo de cenotafio.

Picasso sintió desde muy joven la virtud que le unía al viejo Degas: Eran, por así decirlo, cerebros vacíos que leían el mundo mediante el dibujo. No hay datos que nos permitan saber qué pensaban. Degas fue antisemita durante el affaire Dreyfus, y Picasso fue estalinista. Es todo lo que sabemos, pero es poco, porque Picasso no tuvo recato en recibir, tratar y comerciar con nazis, así como Degas nunca actuó de antisemita.

Basta comparar dos admirables estampas del comienzo de la exposición, ambas ejercicio de academia sobre relieves en yeso, sendos caballos montados por jinetes sin estribos. La moderna vida nocturna y la iluminación artificial van de par, una es origen de otra.

Si hoy ciertos sociólogos han visto en los "no-lugares" el índice de nuestra actualidad, los cafetines y teatruchos del París fin-de-siècle eran los que la determinaban entonces.

Ya Rusiñol y Casas, hacia , habían imitado de los franceses este nuevo paisaje urbano. Los nocturnos de Degas, aunque muy anteriores de es la espléndida Chanteuse de Café , coinciden con el malagueño en otro orden de cosas. Estos tales han de loar la suprema técnica del pintor, pero prescindir de otros valores. Sin duda, pero no la de Afrodita, sino, en todo caso, la de Melusina. En ella y en sus cientos de variantes, apenas vistas en vida de Degas, hay un enigma que requiere un tiempo del que ahora carecemos.

Ella desdice, desde su intangibilidad, a las bailarinas de Picasso que solo le interesaron en tras su matrimonio con Olga Khokhlova y los decorados para Diagilev.

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Un agente de la Policía Municipal de Madrid se mofa de la víctima de una agresión homófoba. El burdel era un espacio del romanticismo con caracteres enteramente distintos a las actuales empresas de prostitución. Pero después yo dije, no me tengo que enamorar. La exhibición hace un recorrido por las diferentes modalidades que tenía la prostitución en la capital parisina entre y Pasaron varias semanas hasta que Lucía se recuperó del susto. Dicho de modo resumido: La prostitución en la calle estaba legalizada en el París de la época bajo circunstancias especiales. La tensión por prostitutas peru anuncios prostitutas murcia retirada de lazos amarillos llega al Parlament y Torrent suspende el pleno Uno de sus clientes fijos la visita desde hace cinco años, es doctor y trabaja en otra ciudad en el IGSS. picasso prostitutas prostitucion legal