Friday, 25 May 2018

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No nos gusta que nos pongan en ese lugar de mujeres tontas, que no sabemos decidir qué precio ponerle a nuestra sexualidad y que el hombre viene y hace lo que quiere. Los límites los ponemos nosotras. Obviamente hay situaciones de violencia que como movimiento de trabajadoras sexuales estamos reflejando todo el tiempo. Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado.

Para el abolicionismo, toda transacción de dinero por sexo es violenta. Solo se puede vivir la prostitución como víctima. Entonces cuando aparecemos nosotras como trabajadoras sexuales que decidimos serlo y exigimos derechos, buscan invisibilizar nuestras voces. Todas tienen que ser escuchadas.

El Estado argentino entiende que todo es trata, desligitimando nuestros testimonios, creyendo que es producto de un discurso que nos dijo nuestro patrón que tenemos que decir para cuidar su negocio. Nos redujeron como mujeres no pensantes, que somos inducidas por terceros a decir lo que tenemos que decir.

Hoy por hoy no hay una diferencia entre trata, explotación laboral y trabajo sexual autónomo. Nadie pregunta si la trabajadora quiere estar ahí o no. Se nos pone a todas en la misma bolsa, y así no se puede ayudar a quienes no quieren hacerlo.

Nosotras pedimos que caso por caso se vea resuelto. Que se le puedan dar oportunidades laborales reales a esas mujeres. Pero las complejidades que hay en esta actividad quedan simplificadas en abolir o penalizar al cliente.

Reconocemos que hay cierta desigualdad, no en la prostitución sino en el sistema en el que vivimos. Pero se sigue adjudicando todos los problemas sociales, culturales o económicos a la prostitución. Podríamos decir lo mismo de la empleada doméstica, una mujer pobre que limpia la casa de alguien rico, muchas veces en malas condiciones.

Ahí se pidieron derechos laborales. Las pocas mujeres que toman servicio de trabajadores sexuales lo hacen con mucha culpa. Eso reproduce los mandatos culturales que indican que cuando la mujer siente placer siempre tiene que sentir humillación. El sexo es algo que el hombre tiene ganado para su territorio y la mujer simplemente tiene que ceder y dar placer. El hombre parece estar obligado a reforzar su sexualidad: Esa visión moral de la sexualidad hace que mucha gente se reconozca como abolicionista apelando al "asco".

El asco no es un sentimiento legítimo para decir si un trabajo debe ser reconocido como tal o no. Claramente con algunas cosas se generan diferencias. Creo que hay que traer al feminismo las voces de las verdaderas protagonistas.

Hay otras feministas que hablan de prostitución y nunca se comieron un día en cana, no saben lo que es el estigma de ser puta. Eso de decir 'esta no puede hablar pobrecita, entonces yo hablo por ellas', es una actitud paternalista, maternalista. Cuando caímos por primera vez al Encuentro de Mujeres, como lo hacen otros sindicatos, lo primero que nos dijeron es: Nos hacían un juicio de valores. Nuestro trabajo no es indigno, indignas son las condiciones en las que trabajamos, como muchos otros sectores.

Yo creo que, hoy por hoy, ser abolicionista es estar a favor de que la policía persiga a todas las mujeres que quieren ejercer el trabajo sexual bajo cualquier modalidad. Es decir, nadie puede abiertamente avalar ese delito aberrante.

Tanto Georgina como yo podemos ser consideradas víctimas de trata. De hacho, muchas veces quedan registradas compañeras como víctimas rescatadas cuando en realidad eran trabajadoras autónomas trabajando en un departamento que la policía allanó.

La abolición nunca va a suceder. Las trabajadoras sexuales también queremos que la trata de personas no exista. Ni que se le tenga que entregar parte de las ganancias a un tercero. Es decir, estaban decidiendo sobre nosotras, pero sin nosotras. Es habitual que los datos de las posiciones encontradas también se contradigan, seguramente porque nadie tiene acceso a la población objetiva y todo intento de seleccionar una muestra no incluye a buena parte de los perfiles, dejando de ser representativa.

La legislación española no considera el ejercicio de la prostitución como un delito, tampoco el lucro económico de la prostitución ajena -el proxenetismo-, solo tipifica el ejercicio coercitivo y la trata. Una resolución del Parlamento Europeo, de 26 de febrero de , asegura que la prostitución, forzada o no, supone una violación de la dignidad humana contraria a los principios de los Derechos Humanos. En el mismo documento se asegura que la despenalización de la industria sexual y el proxenetismo desprotege a las mujeres de la violencia y la explotación.

Estas legislaciones castigan al prostituyente -al cliente o putero-, no a las mujeres, pues consideran que es la demanda la que genera la oferta. El modelo norteamericano entiende la prostitución como una actividad punible y castiga a todas las partes: El bloque legalista es muy amplio, por lo que hay quienes distinguen entre reglamentaristas y regulacionistas, incluyendo entre las primeras a quienes promueven normas que dificultan o acotan la actividad, dejando para el segundo grupo la defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales.

Como suele ocurrir, hay clasificaciones para todos los gustos y miradas. Apuntamos ésta solo en un intento de clarificar el panorama. En los primeros años del movimiento feminista, las llamadas abolicionistas no pedían la desaparición del trabajo sexual. El abolicionismo actual se apellida normativo.

Esther Torrado, profesora de Sociología de la Universidad de La Laguna ULL , integrante de la Plataforma Abolicionista Canaria PAC y del Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres IUEM , defiende que la prostitución es en sí misma violencia de género, que lleva en su esencia una relación de dominación y viola los derechos humanos, por lo que debe ser erradicada y nunca elevada al rango de institución, reconociéndola en el derecho con rango de trabajo.

Abundan los colectivos de trabajadoras del sexo. Algunas mujeres que han ejercido la prostitución adoptan posiciones abolicionistas. Otras, en el Estado español defienden sus derechos a ejercer su actividad: Hetaira, Genera, Aprosex, la plataforma Putas Indignadas, entre otras muchas. Desde algunos sectores del feminismo interpretan que esto las condena a trabajar en clubes, bajo la presión de un proxeneta.

Irene Rodríguez, trabajadora social integrante del grupo feminismos de Acción en Red, se ubica en una tercera vía, la llamada proderechos. Para esta posición, toda intervención pasa por escuchar e integrar a las mujeres que ejercen la prostitución en el debate sobre cualquier medida que se tome al respecto, dejando de victimizar, culpabilizar y estigmatizar.

Pone el énfasis en que muchas de las regulaciones no reconocen sus derechos sino que, al contrario, establecen sanciones y limitan el libre ejercicio de su actividad. Rodríguez invita a ampliar el debate, a sacudir prejuicios y estigmas, también a hablar en plural, de prostituciones. En este contexto, considerar la prostitución como una opción laboral o como una estrategia de supervivencia o como algo que puede realizarse y que hay que tener cuidado en que se realice en las mejores condiciones posibles pero que en sí mismo no implica una infracción, ha sido reemplazado por la idea de que es una actividad criminalizada y criminalizable en sí misma.

Yo creo que esto en el caso de Europa, y probablemente de Estados Unidos también, tiene que ver con el hecho de que una parte importante de la prostitución callejera la realizan mujeres inmigrantes, y hombres inmigrantes también.

Entonces hay una criminalización general de la migración y la prostitución es la diana perfecta para la criminalización porque de un solo golpe se criminaliza a la sociedad de la que provienen los inmigrantes, que sería una sociedad de tratantes, traficantes y delincuentes, y se victimiza a las mujeres y se puede expulsar a unos y otros sin perder los buenos modales.

Entonces para controlar la migración, la estrategia abolicionista es eficaz. Es eficaz porque legitima los recursos punitivos contra un sector determinado de la población. Es decir, el feminismo ligado a los partidos gobernantes toma esta visión como visión propia.

Adriana Piscitelli Estoy de acuerdo con todo lo que Dolores dijo. Cómo en contextos extremadamente diferentes, esta idea de la trata y del Protocolo de Palermo tiene tanto éxito. Es notable porque esta difusión de esas ideas se produce en un momento en que los brasileÑos estaban convirtiéndose en migrantes, muchas veces irregulares, para el exterior.

Y también convergen organizaciones no gubernamentales de derechos humanos e inclusive organizaciones feministas muy bien intencionadas. Este es un punto difícil de entender: Inclusive la relación del feminismo con la prostitución ha sido muy fluida.

No hay o al menos no había una posición extremadamente negativa en relación con la prostitución, y me refiero a prostitución de personas adultas, por lo menos hasta que comenzó a difundirse el debate sobre la trata.

Antes, la principal preocupación era el flujo para Europa, principalmente para EspaÑa. Y es interesante porque allí circula un conjunto de narrativas sobre trata pero difícilmente se encuentran casos concretos. Pero hay, sí, una difusión de prostitución adolescente y mucho sexo transaccional. Entonces ella le contaba con quiénes se relacionaba, todas personas importantes del lugar, inclusive autoridades, y cuando este investigador la miró asombrado, la chica le dijo: Y ese es un comentario interesante, porque muestra la distancia, en la percepción de las personas, en relación a las disposiciones legales.

Para esa chica, el hecho de ella ser menor de edad, lo que torna el ejercicio de la prostitución en explotación sexual y al consumidor de sexo en criminal, era irrelevante. El tema de las leyes, de las recientes modificaciones en función de la preocupación con la trata, y de la distancia existente entre esas leyes y la percepción de las personas es importante.

En Brasil, en el pasado, la trata era definida como facilitar el ingreso o la salida al exterior de una mujer para que ejerciese la prostitución. Las chicas hacen lo que siempre hicieron, subirse al barquito para ir de una orilla a la otra. En Brasil se ha gastado mucho dinero en cursos de capacitación y sensibilización. Quien asiste a un curso de capacitación, cree que sabe lo que es la trata. Y, por lo menos en Brasil, las definiciones de trata son confusas.

En ese proceso, las personas absorben ideas que no son exactamente las nociones del abolicionismo feminista, pero tienen relación con el uso que se hizo del discurso feminista. Esto porque sienten que el gran movimiento anti-trata no tuvo efectos positivos en lo que se refiere a los derechos de las personas con las que trabajan. Por ejemplo, el integrante de una asociación que trabaja con derechos de migrantes afirmaba que no había visto ni un solo visado humanitario que se hubiera dado a un migrante rescatado de trabajo esclavo.

Y esto sucede en un momento en el que el discurso sobre la trata se capilarizó y se difunden las acciones contra ella. En este contexto, el feminismo y el abolicionismo quedan un poco perdidos, no parecen ser tan relevantes, por lo menos no en Brasil.

Es como un elemento secundario en este gran engranaje que se ha formado, en el que participan ONGs que apoyan derechos humanos, diferentes instancias del gobierno y agencias internacionales.

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Traductoras para la abolición. Una institución resume ambos temas y los alinea hacia la legalización. Antes, la principal preocupación era el flujo para Europa, principalmente para EspaÑa. Un gran agradecimiento a la autora por esta contribución. Son estrategias… siempre dicen, si no podemos con el enemigo, y bueno, hay que unirse. Patron prostitutas prostitutas abolicionistas alumnos por año. Georgina trabaja en la calle, María no. Pero a la inversa de lo que el abolicionismo plantea sobre la prostitución como violencia hacia nuestros cuerpos, para nosotras la violencia que sufrimos viene de parte del Estado. El financiamiento llega de nuevo de parte del millonario Soros, de Mama Cash, un fondo internacional creado prostitutas arabes prostitutas en cartagena españa Amsterdam para apoyar movimientos de mujeres, niñas y personas trans, la Levi Strauss Foundation, involucrada en DDHH y prevención del SIDA, y la American Jewish World Service, organización sionista yanqui concentrada en salud sexual y derechos humanos.